sábado, 10 de mayo de 2014

Extractos del diario de un Montañero-Vignemale (Pique Longue 3.298 m.)

 
El macizo del Vignemale con su Pique Longue y puntas anejas, es una de esas montañas que si no fuera porque existe la fotografía, el mero hecho de reproducirla pictóricamente a escala, en sus justas proporciones, suscitaría el típico comentario: ¡Buéh... Ya será menos...! en aquellos escépticos que no han tenido la inmensa suerte de contemplarlo “in situ”, en medio de un enclave mágico como es el Valle de las Oulettes de Gaube.

 

Ciertamente,  ésta montaña emblemática de los Pirineos se muestra ante los ojos del atónito espectador como el capricho de un delirante J.R.R. Tolkien que pretendiera acojonar a sus lectores con el dibujo de las oscuras sierras que delimitan el imperio de Mordor. La verticalidad y longitud de sus corredores helados y espolones rocosos hacen patente la existencia en este mundo de montañas reales capaces de competir con el producto de la más desbordante de las imaginaciones.

Esta es pues la historia de doce montañeros que aprovecharon un “puente” festivo para acercarse a los dominios del “Señor de los Pirineos” y (con su permiso) encaramarse a la más alta de sus puntas, la Pique Longue (3.298 m.)

Todo comienza el 28 de abril de 2006 cuando escapan de un Madrid que se desangra en éxodo masivo a causa del casual encadenamiento del fin de semana con el Primero de Mayo y la Fiesta de la Comunidad Madrileña.
 
Viernes 28 de abril.- Salen hacia Piedrafita de Jaca dos vehículos, uno a las 17:50 con el “Presi”Blas al volante, su hermana Rosa, Santi, Pepe Prieto y Garfun. Pasadas las 19:00, inician viaje Markos, Laura, Manu y Carlos. El objetivo es pernoctar en ese pueblo del Pirineo de Huesca para proseguir camino el día siguiente hasta Pont D’Espagne, antesala del Valle de Gaube.

El sábado 29 se les unirán Manolo Peinado y Javi Pinto, que tienen previsto dejar Madrid a eso de las 5:00 de la mañana. 

Tras un trayecto sin contratiempos llega al albergue la avanzadilla, a una hora de la noche todavía razonable, y tras tomar posesión de las habitaciones se disponen a descansar. Santi, Pepe y Garfun se llevan la peor parte, pues al inicio de la madrugada les llegan unos vecinos de habitación extremadamente ruidosos. Se trata de dos o tres familias con críos de diversas edades, todos tan escandalosos (infantes y adultos), que bien podrían competir con cualquier horda de vikingos vocingleros en plena orgía de alcohol.

… Y así se escribe la historia de aquella noche: bulla antes de acostarse, bulla después de acostarse (uno de los enanos cantaba en sueños a pleno pulmón ante el jolgorio y regocijo de sus puñeteros papás) y bulla al levantarse; carreras saltos y gritos justo por delante de nuestras literas, mientras uno de los padres recomendaba delicadamente a su pequeño Barrabás: ¡¡ADRIÁAN!! ¡¡¡CÁGÜEN SÓSS!!! !!!NO PASES POR AHÍ, QUE VAS A DESPERTAR A ESOS SEÑORES!!!
Pues eso, todo un modelo de civismo y educación, así que el que más y el que menos se alegró de que por fin hubiera amanecido.

Sábado 29 de abril.- Durante el desayuno, reencuentro con los que llegaron en el segundo vehículo y confirmación por parte de uno de los alberguistas de que el Col del Portalet está cerrado en el lado francés a causa de aludes que bloquean la carretera. Tras la consiguiente deliberación se opta por cruzar a casa del vecino (Francia) por Somport, con lo cual habrá que retroceder hacia Sabiñánigo tomando un poco antes el desvío para Jaca. Previamente contactan con los que han salido el sábado a las 5:00 y quedan con ellos en Villanúa, en la carretera que conduce a Canfranc.

Tan solo una corta parada en la estación de servicio de Villanúa (allí recibimos una grata sorpresa al ver que con Manolo y Javi viaja nuestro colega y amigo Miguel Fonfría) reanudamos viaje hacia Francia.
 

El cruce es largo ya que lo accidentado del territorio hace que las carreteras rodeen macizos montañosos y recorran valles intermedios que muy poco a poco les van acercando a su destino. Tras pasar por Lourdes, Cauterets y efectuar parada de unos minutos en Pierrefitte-Nestalas, llegan al fin a Pont d’Espagne cuando aún no son las 14:00 h.
 
Después de comer un bocado al lado de los vehículos y organizar un poco el equipaje, salimos valle arriba a eso de las 14:30.

El día es magnífico con buena temperatura para caminar y el GR10, a lo largo del cual avanzamos, serpea en ascenso entre bosques de pino y abeto por la orilla derecha del río Oulettes, cuyo curso es amenizado frecuentemente por una sucesión de bellas cascadas.


15:00 h.- El lago de Gaube dota de horizontalidad al terreno y se constituye en la puerta hacia el objetivo: en este punto es cuando la belleza del valle se hace patente; los tonos esmeralda del agua contrastan con los pardos y blancos del terreno que lo flanquea, y hacia el Sur resplandecen los contornos del Vignemale velados de vez en cuando por jirones nubosos que aún hacen mas imponentes sus gigantescas proporciones.
Tras cruzar un puente y bordear el lago por la derecha los neveros empiezan a menudear sobre tramos cada v
ez más largos del sendero y procede efectuar una parada para calzarse los “guetres”.
 

Son las 17:20 cuando por fin llegamos al refugio de las Oulettes de Gaube (2.151 m.), magníficamente construido sobre un afloramiento rocoso a unos 1.500 m. en línea recta de la mismísima base del Couloir de Gaube. Desde su terraza ya no hay obstáculo que impida contemplar el Vignemale en todo su esplendor y dimensiones.

La recepción es cordial y nos llama la atención el cartel pegado sobre el mostrador de madera que, en grandes letras rojas escritas con rotulador, reza: “AQUÍ SE HABLA ESPAÑOL DE PUTA MADRE” y enseguida lo entendemos cuando Jean-Thomas, el guarda, (cuyo aspecto recuerda al buenazo del capitán Haddock, inefable compañero de aventuras del reportero Tintín) se dirige a nosotros en un perfectísimo castellano.
 
Se nos asigna la habitación Vignemale toda enterita para nosotros, con unas taquillas enormes de madera en las que ¡cabe todo nuestro equipaje!, con la vista más impresionante sobre el Circo de las Oulettes y por tanto de nuestro objetivo de mañana.

Domingo 30 de abril.- 4:30 h. todo el mundo se despereza en la estancia alertado por el concierto de “bip, bips” de los despertadores. Luego, luces de frontal que barren suelo y paredes, puertas de taquillas que se abren y pasos atenuados sobre la tarima. A través de la ventana vemos luces en el oscuro vacío nocturno que definen la vertical del Couloir de Gaube, son cordadas madrugadoras que hace ya un par de horas salieron a enfrentarse al frío y vertiginoso corredor que constituye la más clásica ascensión al Vignemale. Nos sentamos a desayunar a las cinco y, aproximadamente a las 6:20, estamos sobre la nieve con los crampones calzados y ascendiendo hacia el Este para bordear el circo hasta plantarnos sobre la Hourquette de Ossoue.

 
 



El alba nos sorprende en las rampas orientales del circo, dotando de un tono rojizo a las aristas que unen entre sí las puntas que coronan el contrafuerte septentrional del macizo.
 




 
7:27 h.- Pisamos al fin la nieve de la Hourquette de Ossoue (2.764 m.) a la derecha del collado se eleva la empinada pala de la cara norte del Petit Vignemale y hacia el lado opuesto crece implacable la arista que conduce hasta el Pic de la Sède (2.976 m.). Al Este, el collado da paso a una pala amplia que cuya pendiente se ve apenas alterada por el rellano sobre el cual se levanta la austera construcción del refugio de Baysselance, a menos de cien metros por debajo de la Hourquette.


Según descendemos nos dejamos cautivar por el espectáculo de cumbres y valles que conforman el escenario incomparable del valle de Gavarnie. Así reconocemos el macizo de las Tres Sorores, aunque su cumbre principal, el Monte Perdido, permanece aún oculta por la masa más cercana del Marboré. A la derecha de éste se van sucediendo el Casco, Bazillac, la Brecha de Roland y la vertiginosa cara norte del Taillón. Todos estos gigantes pirenáicos despuntan iluminados por las primeras luces del amanecer sobre los profundos y aún oscuros valles de Gavarnie y Bujaruelo.

Una vez superado el refugio de Baysselance, aún descendemos cien metros más y doblamos a la derecha por la base del Petit Vignemale sigiendo el curso lógico del GR10, enfilamos hacia el glaciar de Ossoue atravesando los primeros neveros que cubren la ruta de verano y cuando queremos darnos cuenta estamos ganando altura sobre el glaciar. A las 9:45 llegamos al gran plateau que constituye el circo en torno al cual se reúnen los distintos picos que conforman el macizo.

Continuamos ocho de los doce que han iniciado la ascensión esta mañana. Manolo Peinado se quedó en la Hourquette para hacer el Petit Vignemale. Carlos quedó descansando en la subida por el glaciar, Míguel prefiere subir en solitario al Montferrat y Javi Pinto decide regresar desde el circo por no encontrarse demasiado bien.


  

No estamos solos en esta empresa, pues descubrimos ya más de una veintena de puntitos encaramados en la pala que conduce a la arista cimera de la Pique Longue. Tal y como imaginábamos, la huella va a ser profunda facilitándonos el ascenso aunque habremos de extremar las precauciones debido a posibles desprendimientos. Salvamos el último tramo hasta la base de la pala que nos separa de la arista y dejamos las mochilas agrupadas para desenvolvernos con mayor facilidad durante la ascensión. Uno a uno superamos el centenar de metros de empinada pala hasta situarnos sobre la fina arista para en un par de minutos tocar la cumbre de la Pique Longue. Son las 10:45h.
 

Panorámica desde la cumbre
 
El descenso transcurre de la misma guisa que la subida, es decir, de espaldas al valle y destrepando toda la pala ya que el ángulo de inclinación de la pendiente no nos deja otra alternativa. Con muchas precauciones (aún hay gente subiendo por el mismo itinerario) vamos perdiendo altitud hasta reunirnos todos en torno al montón de mochilas que hemos formado en el plateau.

 
 
Según regresamos a la ruta de descenso por el glaciar, aún hay quien se anima (como nuestro webmaster Manu) a rematar la jornada haciendo otra cumbre rápida, en este caso la cercana del Piton Carré. 

Desde la Hourquette descendemos al fondo del circo en lugar de rodearlo por la derecha y concluimos nuestra pequeña aventura a eso de las 17:00h.
 


Tras la cena vienen las despedidas. Laura, Manolo, Javi y Míguel regresan a Madrid por la mañana del día siguiente, los demás ya tienen definida la tarea a llevar a cabo a lo largo de la última jornada del “puente”: Manu, Santi y Markos, irán hacia el Petit Vignemale para ascender por una goulotte que Jean-Thomas les ha recomendado; incluso les ha prestado un par de piolets técnicos y dos tornillos para hielo. Rosa, Blas, Carlos, Pepe y Garfun ascenderán hasta el Col des Mulets y pasarán hacia la vertiente del Ara para aproximarse al Grand Pic d’Arratille, de 2.900 m. e intentarán hacer cumbre.
 
Lunes 1º de Mayo.- Los cinco del Col des Mulets se levantan temprano. Los tres del P.Vignemale lo hacen un pelín más tarde y los que regresan a la civilización duermen despreocupadamente ya que les espera un tranquilo descenso hacia Pont d’Espagne.
 
 

 El día transcurre soleado y magnífico ya sin la masificación del fin de semana. Manu y compañía consiguen su objetivo alcanzando la cumbre del Petit Vignemale tras una aérea ascensión por la pala W. del pico.
Los demás consiguen llegar hasta la base del G.P. d’Arratille pero el estado de la nieve y una travesía un poco expuesta a los aludes les “recomienda” regresar. Aún así la incursión en esta vertiente del macizo les gratifica con creces.


                       Vignemale desde el Col d’Arratille
 
 
Los del collado están de regreso en el refugio hacia las 14:00. Los demás llegan dos o tres horas más tarde tras haber descansado en la zona de Baysselance.
 
Martes 2 de Mayo.- 8:11h. Abandonamos el valle de las Oulettes de Gaube y descendemos hacia Pont d’Espagne.

 
 



Atrás dejamos un Vignemale muy parecido al que encontramos el día de nuestra llegada. Remolinos de nubes en torno a sus aristas y cumbres, sombras cerniéndose sobre sus corredores de vértigo… La puerta se cierra a nuestra espalda. La Montaña que nos franqueó la entrada a sus dominios con afabilidad y mansedumbre, hoy, tras nuestros pasos, vuelve a mostrarse huraña y misteriosa.

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